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Homilía del Sr. Obispo Juan Martínez García en la apertura de la XXIII Asamblea Diocesana de Pastoral |
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En estos tres días en que el Señor nos invita a encontrarnos con él, a encontrarnos entre nosotros como una pequeña parte de esta iglesia particular y nos convoca a integrarnos como asamblea, sería muy pobre el sentido de nuestra asamblea si no fuera una asamblea litúrgica. Creo que él ha querido llamarnos, escogernos a nosotros para ser una asamblea litúrgica cualificada y de modo especial en este año en que nuestro tema de estudio, meditación, reflexión, es la sagrada liturgia. No es un año dedicado a la liturgia, eso es poco, en la iglesia no se camina a tantitos o tiempecitos, sino que somos una iglesia que peregrina en el mundo haciendo presente el reino de Dios para que el mundo crea en el enviado de Dios. Por ello esta asamblea litúrgica con que iniciamos esta jornada de encuentro con Dios y entre nosotros, está iluminada por estos dos textos de la palabra de Dios: el primero tomado del libro de los Números que ayuda a descubrir el significado de la amistad de Dios con su elegido, en aquellas circunstancias y situaciones difíciles pero al mismo tiempo llenas de seguridad y confianza para el pueblo de Israel, el trato que Dios tiene con su amigo Moisés Cómo en esta bella imagen alcanzamos a descubrir de qué modo el Señor quiere actuar en su relación con nosotros los seres humanos y siempre a través de otro ser humano, alguien que tiene que soportar críticas, murmuraciones, persecuciones y comentarios, a veces de quienes están más cerca de él. Yo estoy seguro que varios de ustedes han tenido que enfrentar dificultades, los laicos en su casa, el que menos está de acuerdo es su pareja, sus hijos, sus nietos y estoy seguro que si hubieran hecho caso a las demás, sus comentario o críticas, ustedes no estaría aquí. Nosotros los ministros, si nos dejamos guiar por nuestra mentalidad subjetiva, individualista o de pequeños grupos o amistades que dicen que para qué tanta asamblea si la iglesia está igual o peor, si no avanzamos en nuestra pastoral. Moisés ante la crítica destructiva de Aarón y María clarifica su opción. Dios hace ver cómo actúa con su amigo Moisés, “ustedes saben que mis profetas oyen mi voz, tienen visiones, sueños, pero con mi amigo Moisés es cara a cara”. Con la iglesia el señor trata cara a cara en esta nueva alianza sellada por la sangre redentora de Cristo, el Señor nos habla cara a cara y quiere que esta ministerialidad de la iglesia se proyecte a favor de la salvación de todos en un mundo tan diversificado que hace más caso a las sombras y obstáculos que a la luz, en un mundo que quiere ver shows, en un mundo de poder que quiere oír declamaciones fabulosas, contradicciones, discusiones, como los hermanos que van de Jerusalén a Galilea a interrogar al maestro por aquello que creen que viola sus tradiciones y legalismo. En esa actitud el Señor solo se compadece al grado que le dice a sus discípulos, déjenlos, son ciegos que guían a otros ciegos. Yo creo que esto, desde nuestra espiritualidad, es que el Señor nos invita a valorar más nuestro ser iglesia, entendiendo que hay diversidad de dones, pero un solo espíritu, diversidad de carismas, pero un solo Dios y Padre de todos. Así encontraremos en la Eucaristía el núcleo, el culmen de todo lo que celebramos, creemos y debemos vivir como hombres bautizados en la iglesia católica a fin de que podamos cada día con mayor alegría, hacer de nuestra vida una ofrenda agradable. En la liturgia de las horas pidamos la asistencia de su Espíritu para que continuemos éste proceso misionero y evangelizador de todo lo que comprenda nuestra tarea como discípulos misioneros del Señor. |