Porción del pueblo de Dios, cuyo cuidado pastoral se encomienda al Obispo con la cooperación del presbiterio, de manera que unida a su pastor y congregada por él en el Espíritu Santo mediante el Evangelio y la Eucaristía, constituya una Iglesia particular, en la cual verdaderamente está presente y actúa la Iglesia de Cristo una, santa, católica y apostólica. (CIC. 369)
 

HISTORIA DE LA DIÓCESIS DE ATLACOMULCO

NUESTRAS RAICES DE EVANGELIZACIÓN

Nuestra diócesis recibió el Evangelio de los primeros misioneros Franciscanos. Fue Evangelizada por la provincia del santo Evangelio por dos vertientes: partiendo de México, por Jilotepec y, partiendo de Toluca, por Ixtlahuaca y su valle.

Vertiente de Jilotepec: por su situación en la ruta hacia el Norte del País, fue Jilotepec al mismo tiempo un importante centro de Evangelización y un punto de partida para la extensión del territorio conquistado del Evangelio hacia la región Chichimeca. Se sabe que de ahí partió la conquista de Tula, san Juan del Río, san Miguel el Grande y otros pueblos del Estado de Querétaro.

En 1526 tuvo su primer gobernador indígena cristiano: Nicolás de san Luis Montañés. En 1529 al parecer ya estaba Evangelizada la región y se pudo establecer un convento con Fray Alonso Rangel, que fue el primero que predicó en otomí.

Al convento de Jilotepec pertenecieron como visitas San Juan del Río, Santa María Amealco, Santiago Tecozautla, San Andrés Timilpan, San Bartolomé Tepetitlán y Aculco. Como “ermitas” estaban Acambay, La Magdalena Calpulalpan, San Sebastián, San Lorenzo, San Pablo y Santa María Tzimepatongo.

Vertiente de Ixtlahuaca: correspondió al convento de Toluca la Evangelización del valle de Ixtlahuaca. De entre los primeros misioneros de ese convento destaca Fray Andrés de Castro y Fray Jacobo de Tesbera, quien hizo un catecismo pictográfico en mazahua. Pronto algunas poblaciones pasaron al clero diocesano como las parroquias de Ixtlahuaca en 1569, Jiquipilco y Jocotitlán en 1575 y antes de terminar el siglo, Temascalcingo y San Felipe del Obraje (hoy del Progreso).

Entre los años de 1525 y 1530 la Evangelización en México, si bien adelantaba, iba a paso lento. En 1531 tuvo lugar la aparición de Santa María de Guadalupe. Fue éste, como lo han reconocido autorizados historiadores, el hecho que cambió el panorama de la Evangelización, abriendo su periodo de mayor florecimiento.

Los obispos mexicanos en su exhortación Pastoral del 15 de agosto de 1978 afirman claramente que “La intervención de María fue entonces, y sigue siendo ahora, un providencial acontecimiento Evangelizador…”. “Ha sido un vehículo de la fe en Dios, en Cristo y en su Iglesia, una Fe asombrosamente permanente y viva… ha conformado también el estilo de piedad de nuestro pueblo; y hasta ha logrado incorporar valores Evangélicos a su cultura y formar un vínculo nacional”.

ERECCIÓN DE LA DIÓCESIS

La diócesis de Atlacomulco fue creada por la gracia de Dios y por Decreto de S.S. Juan Pablo II, el 3 de noviembre de 1984, siendo nombrado como primer obispo de la misma S.E. Mons. Ricardo Guízar Díaz. La erección de la diócesis y la toma de posesión de su primer obispo se llevaron a cabo el 27 de diciembre de 1984.

Nuestra diócesis se desprendió del extenso territorio que comprendía la diócesis de Toluca y el territorio periférico de la diócesis de Cuautitlan, quedando constituida por 37 parroquias. Se localiza en el noroeste del Estado de México, su extensión territorial es de 5364.63 kilómetros cuadrados lo que significa un 23.84% de la extensión estatal y un 0.273% de la nacional. Su población entonces era de más de 800 mil habitantes divididos en Mazahuas, Otomíes y Mestizos.

La Diócesis de Atlacomulco, al momento de su fundación, quedó constituida por 16 municipios del Estado de México, que son: Polotitlán, Aculco, Acambay, Temascalcingo, Atlacomulco, San Andrés Timilpan, Jilotepec, San Francisco Soyaniquilpan, Chapa de Mota, Villa del Carbón, San Bartolo Morelos, Jocotitlán, Jiquipilco, El Oro, San Felipe del Progreso e Ixtlahuaca. Posteriormente se agregó San José del Rincón.

Este fue el primer acontecimiento, el que marca el sendero a seguir. Los párrocos que habían aceptado quedarse en la  nueva Diócesis sabían que habrían de enfrentarse a grandes retos, pero todos ellos, animados por la confianza que solo puede dar la fe en Dios y el compromiso de servir a sus hermanos, echaron las redes mar adentro confiados en la voz que los llamó para ser pescadores de hombres.

Pusieron la mano en el arado para sembrar estas tierras con la semilla del evangelio, como lo habían hecho los primeros evangelizadores franciscanos y hacer que surgieran los frutos del treinta, del sesenta y del ciento por uno.

S.E. Mons. Ricardo Guízar Díaz dejó la diócesis el 13 de septiembre de 1996 al ser nombrado por el Santo Padre Juan Pablo II Arzobispo de Tlalnepantla.

Después de un año y 11 meses de sede vacante, en que fungió como administrador diocesano Mons. Rodrigo Guadarrama Rosas (15de septiembre de 1996 al 4 de agosto de 1998), fue nombrado como segundo obispo de la diócesis de Atlacomulco, Mons. Constancio Miranda Weckmann, hasta entonces Vicario General de la diócesis de Cuauhtémoc–Madera, Chihuahua. Fue ordenado obispo en la ciudad de Atlacomulco México el 4 de agosto de 1988 y tomó posesión de la diócesis en el mismo día durante la celebración Eucarística.

Durante los 11 años que estuvo en la diócesis aumentó el número de sacerdotes, se erigieron nuevas Parroquias, construyeron la Catedral y gran parte del edificio del Seminario Mayor. El martes 29 de septiembre del 2009 fue nombrado Arzobispo de Chihuahua.

El viernes 30 de Abril se nombró a nuestro nuevo Obispo, Mons. Juan Odilón Martínez García, quien al momento de su nombramiento fungía como rector del Seminario Diocesano de Toluca.