DOMINGO III DE CUARESMA.


Lc 13, 1-9 “¿Piensan que aquellos eran más pecadores que los demás por eso les sucedió esto?”

         Estamos en esta tercera semana de la cuaresma seguimos en este camino de esperanza y hoy al reunirnos en la celebración eucarística, hemos de redoblar nuestro esfuerzo de lucha y disposición  en   nuestra preparación hacia la fiesta de la pascua, de manera mas urgente, y sobretodo de mayor compromiso en el crecimiento en Fe, que nos ha de mover en una dirección “el encuentro con Dios”.

En este pasaje del Evangelio que hoy leemos, de San Lucas en este capítulo 13 esta profundamente ligado al  anterior que de manera especial reafirma “la Radicalidad del Seguimiento de Jesús” la cual es exigente y completo pero recordemos que nos muestra una realidad muy importante de nuestro Dios, su Misericordia, la cual no es, ni se entiende en una lastima  ni en un “ya ni modo” sino en  la grandeza de la humanidad, la posibilidad del cambio.

En la primera parte del pasaje que se refiere a la “Exhortación al arrepentimiento” que va del vv 1 al 5 al hacer memoria de la tragedia que ha caído en “aquellos” lo retoma no como un castigo divino, sino un acontecimiento de la existencia que vive el hombre; pero también como una invitación a la conversión y cambio, no es una amenaza, no podemos pensar y reafirmar lo que quizá en muchas ocasiones hemos escuchado, “Portate  bien, por que sino Dios te va a Castigar” ¡No tenemos a un Dios policía! pero tampoco un Dios que se conforme con lo sobrante, es exigente pero es AMOR, el cual se entiende como un acompañar, corregir, pero también grande en generosidad.

La segunda parte de este pasaje que va del vv. 6-9 “La higuera sin fruto” Hace referencia a una acción muy sencilla, la oportunidad de llegar al fruto, en la expresión del viñador hay una importante afirmación que dice “Señor, déjala todavía este año, voy aflojar la tierra alrededor y a echarle abono, para ver si da fruto. Si no, el año que viene la cortaré” esto no es una sentencia o una advertencia de terror, sino de esperanza, la cual hemos de comprender en el hecho del fruto esperado, es alentado y mediado por el mismo amor del viñador, Jesús.

Al llegar cada año a este tiempo de cuaresma, recordemos que es un tiempo que se abre cada vez en una forma especial, no es un ciclo repetitivo sino perfectible, si se trata de un tiempo de cambio y conversión es también un llamar a la vida de Dios, como la plenitud de la existencia, llegando a comprender que en la resurrección de Jesús encontramos esa gracia que nos ha de llenar y a de mover a que en nuestras acciones se realice ese cambio hacia Dios, no vamos solos, comparte Dios nuestro andar, en la esperanza y en la alegría de ser hijos suyos.

Por tanto, Dejemos que su acción de AMOR sea para todos un llegar a la plenitud de ser sus hijos y que en esa gracia nuestra vida nos llene de sus dones.